¿Quién me pidió un comentario sobre el cine colombiano?

Al viejo R, colega en la infamia

Nadie.

Pregunto, antes de caer en el mismo lugar de siempre ¿a qué debe parecerse el cine colombiano, como industria y como hazaña cultural? ¿Quién lo hizo ya y debería, pues, venir a enseñarnos, a poner orden?

Evitemos darle vueltas al asunto y respondamos, con franqueza, estas cuestiones: malo es qué, ¿aquello donde no se cuentan las cosas como las han contado los grandes maestros?  ¿O malo es que no hay una comprensión ni un trabajo arduo para entender y mostrar nuestras cosas, nuestros problemas?  ¿ es malo, muy malo, que nunca haya plata y por eso la gente no puede estudiar el secreto arte, no se puede preparar, ergo al final no se da la pela, no se puede consagrar, y es preferible salir del paso con cualquier chambonada?, ¿o malo es que nunca hay suficientes estímulos o apoyos, y por eso la intelligentsia colombiana del cine hace cosas bellas pero siempre desde la incredulidad? Malo es qué: ¿que el cine colombiano no sea una industria, pero ay, qué tipo de industria? ¿con qué principios? ¿con qué licencias? ¿Una industria mixta, fiel copia de las que arman los Estados fallidos como España? ¿O una industria portentosa y oligopólica como las del norte? ¿o un clúster de pequeñas y medianas industrias que han sabido repartirse más o menos civilizadamente el mercado y las ambiciones, caso europeo, quizás?

O malo es que no somos soldados de algún propósito ideológico claro y arrollador, y preferimos divagar, soñar, inflar cada toma con placer y gozo, romper cadenas, quemar manifiestos y tomarnos las calles con nuestras cámaras, tomarnos las praderas y amanecer bajo las estrellas, desnudos, sin bandera alguna.

Hay que aceptar que muchos soñamos que el nuestro sea como el cine europeo que nos mostraron en la escuela, un cine tan sobrio como petulante, al que casi no se le escapa nada, o bueno, tal vez nos conformemos con que el nuestro sea un cine como el argentino (¿o el brasilero?), pero antes deberíamos aceptar que cuando decimos que el cine colombiano necesita una reflexión seria y profunda, no solo estamos buscando que se examinen las políticas culturales, sino que en el fondo anhelamos que las nuestras sean películas trascendentales, referentes universales, claro, queremos, de una vez por todas, crecer, ser parte de las constelaciones, queremos hacer pinturas en movimiento, meditaciones hondas y complejas sobre la condición humana, registros impecables de las contradicciones del capitalismo global y postales crudas sobre la desazón de las guerras, etc, etc, etc. Queremos ver florecer la genialidad, queremos hacer la gran película latinoamericana, pero que parezca hecha en otro lado, o queremos, finalmente, ganar plata haciendo huesos como los que estrenan cada 25 de diciembre. Seamos claros: lo único cierto es que al final la dimensión política del debate desaparece del horizonte, para dar paso a divagaciones culturales y estéticas. Esto no quiere decir que en el trabajo de investigadores, documentalistas y directores no pueda encontrar uno acciones políticas, afirmaciones serias y preguntas incómodas; el asunto es que estos gestos están reservados al momento creativo, a la escritura y al debate sobre la obra, y pocas veces al debate sobre las condiciones de producción, que no tienen que ver sólamente con el dinero, sino con una educación política, con una posición frente al Estado y sus instituciones, y, sobre todo, con un miedo vergonzoso y un respeto lamentable hacia las élites, a las que poco o nada les importa el país como proyecto real, como problema social. Aquí tenemos que seguir hablando, por supuesto, de nuestros muertos, de todos los huesos mal enterrados, de la corrupción y de las mafias industriales, de la droga, sí, pero de quienes siguen consumiéndola: fiscales, abogados, banqueros, analistas financieros, profesores de colegio, etc. Contar lo que nadie cuenta es, para nuestro caso, la mejor de las acciones políticas, y en este asunto estamos, pese a que contamos con todos los recursos intelectuales, muy tímidos aún frente al poder.

Creo que muchos están trabajando —muchos conocidos—en un cine independiente, que sí, se parece ya un poco al cine de autor europeo, pero claro, hay un intento por devolverle algo a la gente, por hacerla sentir digna, por escuchar al vilipendiado y darle algo de calidez a las noches del que ha sido desterrado. El cine que están haciendo estos buenos muchachos parece honesto y necesario. No entremos en detalles, no pretendamos saber la verdad de la producción, no indaguemos mucho sobre la forma como venden sus historias en los festivales, no, dejemos eso quieto, para no desencantarnos.

Será cuestión de tiempo; cuestión de esperar que muchos de estos cineastas jóvenes consoliden mejor sus posiciones, que maduren sus historias, que se acepten como son: artistas. Entretanto, muchos de los que no hacemos cine y hablamos mierda tenemos la obligación de entender y hacerle entender a los que siguen enfrascados en discusiones absurdas,  que el contexto de la producción y la gestión cultural no es una temática inconexa, una isla problemática, sino que es, precisamente, la articulación del obrar de castas políticas y caciques mafiosos, que somos un negocio, todos, y así nos manejan, a los artistas, humanistas y pobres diablos, y bueno, es lo que hemos aceptado: el menos malo de los sistemas.

A los amigos cineastas habrá que pedirles que sigan aprendiendo de la gente, de los errores, de las contradicciones, de la incapacidad nuestra para concebir verdaderos procesos emancipatorios, para negar las necesidades impuestas, para superar los espejismos, que sigan escribiendo, que digan sí, qué importa, yo hago lo que me dé la puta gana, y si me quieres premiar por eso bien, que digan bien por ti si solo quieres hacer narcodramas, o bie
n por ti si crees que negándome un premio en algún festival vas a detener la rabia y la belleza de mis historias.

Es cierto: hablar sobre el cine colombiano es, en últimas, hablar sobre la condición, o las condiciones, que definen a un colombiano, buena suerte con eso.


cine-playa

Anuncios