Individuos, gatos, pirámides

En la dichosa teoría del caos, disparates cuánticos sintetizados en burbujas
industriales, se descarta (ok, se desprecia) cualquier posibilidad de regreso al origen.
 Aquí plantearemos un escenario divergente en algunos aspectos formales,
con el perdón de los genios.
 Cierto es que los puntos de partida se evaporan en la estela que va tras el desplazamiento
de los objetos, pero hay que poner especial atención a la secuencia de estados
 materiales que se generan a partir de los desplazamientos astrales. Esto que los
 humanos llaman vida dura más de lo necesario; culpen a la buena alimentación
y a las prácticas democráticas, y sobre todo, al obrar perverso de los teóricos de
 la autosuperación, infames gurús cuya codicia incrementó en los últimos años la 
expectativa de vida. Para nuestro alivio, el estado que sigue luego de esta horrible
 burocracia emocional dista mucho de esta mediocridad.

La primera certeza con la que se irá usted desintegrando en la nada es la compañía 
de algo que sintetiza aquello usted más amó en la vida. Formará, junto con esta 
memoria, una especie de espiral fluorescente que emite un resplandor púrpura.
 La fuerza centrífuga de este movimiento expulsará furiosamente todas las ideas
 tontas que justificaron su paso por este mundo. Los pobres desgraciados que
 miran el firmamento desde la Tierra le llaman a este evento lluvia de meteoros. 
Como sea, esta danza sideral es la culminación coherente de sus últimos segundos
 de vida. Atrás quedan ciudades en ruinas, palacios, templos y centros comerciales
 en llamas. Ahora flotan, usted y su amado objeto del deseo, en una galaxia de vidrio
 pulverizado.

Flotan, óigalo bien. Flotan.

Lo que permanece en la memoria de los vivos es la incertidumbre sobre la
 existencia de esta galaxia, ya que ésta permanece visible durante algunos segundos
 en las pantallas de los grandes telescopios, y luego se pierde en la oscuridad, tal y
 como algún día lo hará el sol.

Si algo caracteriza al que muere es la indiferencia, gesto que comprime las
 especulaciones metafísicas y las tritura, como chatarra. Esta es nuestra versión 
divergente de los acontecimientos cuánticos: en el siguiente estado usted vuelve a
 esta vida encarnando un gato. Monumento a la indiferencia. No hay más secretos. 
Los egipcios, pueblo cuya sabiduría fuimos olvidando en la estúpida experiencia 
turística, hicieron del felino un referente ideológico. Entre tanto, erigieron
 pirámides que apuntaban directamente al sol, hace miles de años.

Anuncios