Curadurías comunales

Diciembre 24 de 1982, Zurullal, Estado de Sales

LON3312

Se discute en la caseta comunal el significado de un cuadro hallado en la basura de los Mañozca. Sigifredo Ardulpia, profesor de bachillerato aficionado a la pintura, toma la vocería, no sin antes llamarse él mismo experto en historia del arte contemporáneo. Casi todos los miembros de la Junta de Acción Comunal y Curadurías Inocuas encuentran al maestro Ardulpia hablantinoso y sobrador, y están más que listos para ignorar su versión, pero el hecho de que hace apenas un par de meses la esposa del profesor Ardulpia muriera despedazada por una jauría de Rottweilers, les priva de darle lo que consideran tiene bien merecido: indiferencia.

Dijo Ardulpia, mientras acariciaba el lienzo hallado en la basura: “aquí una versión realista del hombre contemporáneo, inspirada, quizás, en la relación con algunas personas: un tipo pálido y en los huesos, con la mitad del rostro cubierta con un tapabocas. Y tras él, en vez de un bosque tropical, en vez de orquídeas y palmeras,  vemos montañas de antivirales genéricos, cajas, contenedores, torres de antibióticos…

Es obvio que la pintura tendrá que incitar a la duda, que poco a poco tornará la petulancia y la vanidad de este sujeto en todo lo contrario: ripio y migajas, en detritus social.

Será ese hombre que mira con desdén a sus semejantes el problema en sí, el excremento en pleno desfile de fiestas patrias, el virus que afloja el estómago y produce alucinaciones febriles a media noche.

Dicho esto, me retiro a descansar, porque de pronto un dolor insoportable ha empezado a trepar por mi espalda, y ahora está encontrando en la parte posterior de mi cabeza un lugar para instalarse, quién sabe hasta cuándo…”

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