Me parece, entre otras cosas, de muy mal gusto

Esto de escribir con el alma de redactor de porquerías en internet, tan ligero y sentimental… con esta cara de perro asustado por los humanos, por Dios. Pero se me está haciendo caca el alma. Por fortuna, tengo una película de silicona que protege el teclado de mi laptop de las frecuentes crisis de llanto que padezco cada vez que leo lo que escribo.
A las nueve de la noche el año llegará a su fin, para mí. Las tres horas que faltan me servirán, querido diario, para pensar (en tanto el licor que bien haré en tragarme me deje, porque, en fin…) en lo difícil que se volvió todo esto. Es la misma sensación que viví cuando volví a sentarme frente a un videojuego después de una pausa de varios años. La evolución tecnológica y la complejidad filosófica (esa inexorable y estúpida carrera hacia la realidad) me sacaron de taco. Aquí estoy, listo para el último juego. Lo que se viene, sencillamente, me afloja más las tripas.

Hasta este punto, quien lea estas líneas no tendrá claro de qué mierda estoy hablando. Yo tampoco.

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