La vulgaridad en los gases cardíacos

Dollaz yace boca arriba. Las extremidades como las de un cucarrón agonizante (¿O finge agonizar, sólo para salvarse?). Olores insoportables volando sobre él; una espiral verdosa, una tormenta de fetidez. ¿Qué le ocurrió a Dollaz? Mal de amor, dice la gente que lo conoce. Y no pueden evitar reírse de él, claro. Pero vamos a los datos científicos: Dollaz sufre de cuoritis, una inflamación bacteriana que se come los tejidos sanos del corazón. Las causas: el contacto del individuo con agentes infecciosos y cursis. Algo casi inevitable. Como respirar.

Allá va: parece un punto negro que desde lejos podrán confundir con algún residuo. De cualquier cosa. A Dollaz nadie le dijo adiós. Se fue, sin pena ni gloria. Fue útil; referente literario y contrajemplo en el mundo de los negocios.
Mañana será otro día, sin Dollaz. Un día cualquiera, porque todos los días son un día cualquiera. El amanecer de Hiroshima en agosto del 45 o el amanecer de occidente sin El Rey del pop.

Nota: no recomendamos la eseñanza autodidacta ni la telepatía como remedio para la vaciedad. Recomendamos una temporada en la cárcel o la muerte de un ser querido, porque se trata de llenar el mundo con materia ajena a la obviedad. Con logaritmos y sonetos escritos al revés.

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