Untergehen

Las listas sirven para ocuparse de lo poco esencial; para disfrazar el dolor en el rostro. Para maquillarlo, sí, para hablar de lo que a nadie le importa, cuando en algún lugar indeterminado entre la necesidad emocional, la angustia y el miedo, hay una conversación pendiente. Las listas que uno lleva al supermercado son el pretexto perfecto para aplazar lo que no debería aplazarse:

1) Migraña (tanta tensión acumulada, tanto ejercicio, deja golpeada la masa gris y geletinosa que guardas dentro del cráneo)

2)La comida se vuelve un asco en cuestión de minutos. Esto piensa un loco como tú. Todo lo que haces hiede, por razones meramente naturales, antes de que termines esa acción de (lo que sea). Pero solo un loco como tú hace estos cálculos; estos experimentos (contar cuántos segundos pasan antes de que el aliento empiece a apestar y a ponerse agrio… Normalmente, esto varía según los hábitos de higiene oral, aunque ya sabemos que la cantidad de males que el individuo cargue consigo, sobre todo aquellos que tienen que ver con el estómago…)

3) Esta lista es como una  porción de asfalto de mala calidad. (Miren de lo que están hechas sus carreteras) Llenamos un hueco de manera provisional. De manera mediocre. Al cabo de unos días, el paisaje de ruinas y malos acabados aparece con el sol. Radiante, invencible. Una verdad. La verdad. Nada que discutir. Esta lista tapa el texto que debería estar aquí, expuesto. Pero esa no fue la decisión que se tomó.

4) Seasickness a 500 kilómetros de la costa.

5) Estar en cualquier parte de este país y olvidarse de esto. Olvidarse del desplazamiento, del cambio de paisaje, de la gente que habla distinto. ¿Olvidarse? ¿Ignorar?

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