Vuelvo sobre aquella historia

Se acabó el domingo. Mañana regreso a la realidad increíble que me ha tocado en suerte. Precisamente por la muy buena suerte. Yo soy el último en creer que todo esto está ocurriendo, en serio. Esta reflexión me suena bastante innecesaria aquí en este blog, pero empiezo con algo de calibre liviano para calentar motores. Tranquilo: al final el motor se funde. Siempre. Como un monstruo grande y viejo que muere patas arriba, asfixiado con su propia saliva. Mañana de nuevo el buenos días, la sonrisa que me aprendí de memoria. El “tú” en vez del “usted”. El “vos” en vez del “tú”. El “sí, por supuesto”, en vez del “no, y vete a la mierda”. Mañana otra vez la suerte no merecida, no retribuida. La suerte a crédito. Mañana, de nuevo pondré cara de preocupación cuando me consulten: azul degradado, o azul rey, opaco. “Ustedes son las que mandan”, en vez de “hagan lo que les dé la gana, y empiecen por morirse”

Estás invitado a almorzar, pero eres heptovegetariano. Nadie te pide una explicación. Si hay algo que de verdad los haga sentir mal en este mundo es quedarse atrás en la comprensión de estos términos de vanguardia, por ejemplo: camo-sexual; procto-fobi-tropo, etc.

Es una lástima. Tal vez puedas tomar café con ellos algún día, dicen, para romper el hielo. Para que huelas cómo se pudren en sus vidas estancadas. Dices que sí. Siempre. Sí, sí, sí, sí, siempre sí. Eres muy amable y sabes caer bien. Antes tenías muchas dudas, como cualquier capullo recién iniciado en esto que se llama vivir-mentir-fingir-robar-sonreir-asesinar.

2. Se acabó el domingo. Tomé notas sobre la vejez y el aburrimiento y luego fuimos a tomar un refresco. Se acerca la suerte no-merecida. Puedo sentirla descendiendo del cielo y de las montañas, escondida en aquella brisa marina. Tomo notas sobre el aburrimiento de un domingo, aún teniendo esta suerte increíble. Siempre hace falta un cero a la derecha en el saldo de tu cuenta bancaria. Mi refresco es más sabroso que el suyo. La suerte me acompaña.

3. Casi no veo televisión, pero el domingo es, sin duda, el día ideal para ver televisión. Con todo, prefiero quedarme aplastando el culo y dañándome los ojos, sentado frente a este hermoso ordenador portátil y su pantalla LCD. El porno me aburre y me desconsuela. ¿Cómo puede uno, en serio, decir que es el trabajo ideal? ¿Qué actriz de mala muerte dice en una entrevista que lo primero que hace cuando llega  a casa luego de un día de trabajo (mete-saca-gime-lame-abre-cierra-corte-acción-más creíble-mama-lame-traga-fin-nos vemor mañana-pudo ser peor) es meterse en la boca la verga de su novio? Bah. Todas lo dicen, es cierto. Pero quién les cree.

Se acaba el domingo. Vuelvo al blog, como siempre, cargado de odio.

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