Horizonte artificial.v2.0

Antes de escribir, es recomendable trabajar en un conjunto de instrucciones para él mismo. No es una lluvia de ideas, no es una reunión con otros imbéciles y sus bocas pudriéndose de halitosis por el café recalentado que toman todos los días. No, es un plan que él conservará dentro de su bóveda. No existe nadie más en el mundo.

Sería entonces algo así:

Título: no asignado (no piensa, por lo general, en nombres para sus textos)

Personajes: dos hombres y una mujer (no es necesario aclarar quiénes son y qué tanto le importan). Ya se dijo todo.

Acción (este viene a ser el problema más interesante; pensar un texto, imaginarlo, garabatearlo en sueños o en las paredes del baño es ya una acción agotadora y, con suerte, compleja. Hay un segundo asunto: ¿se debe pensar en un enfoque tradicional cuando se concibe la acción literaria? No, dice él. Somos libres, vanidosos y muy apuestos. Lo tenemos casi todo. La acción que va perfilando poco a poco  se parece a un supermercado, por la saturación de colores, el olor a aire reciclado, los pasillos idénticos pero imposibles de recordar, la música de fondo que nadie sabe de dónde sale, la aglomeración de gente en las horas pico, la anomia, el silencio, el chirrido de las llantas de los carros cuando alguien frena de manera intempestiva y dice “perdón” sin mirar a quien esté en frente. Sin mirar a nadie, pero inscrito con tal lealtad en un club de gente que casi todo lo puede, porque tienen dinero, mal o bien logrado, pero lo tienen. Etc.Etc.): uno de los hombres es el dueño de la mujer. El otro está solo, amargado y muy ansioso, porque va a cumplir un año sin aquello. El dueño de la mujer aprecia al otro hombre. Ella también, de alguna manera que le resulta artificial, tan artificial como el interés que dice tener por las hazañas intelectuales de su dueño. El dueño le propone algo interesante a su mujer: mámale la verga. Solo eso. Dos minutos, y antes una pajeada suave, para que esté bient tieso. La mujer dice: “OK”. Acuerdan hora y fecha, y también las implicaciones en el ego de cada uno de los tres. Bueno, cuando hablan del tercero especulan con cierta cautela. O se suicida esa misma noche, o bien…

Footer, final, etc: en construcción. Le gusta cualquier cosa que termine con un disparo en la cabeza, muy a lo Seymour Glass. Aunque no le molesta algo delicado y sin sabor: el olor y la textura de una toalla higiénica limpia.

Anuncios