Borrador capítulo 2. Fila 6, columna 2

Nunca pude escribir un cuento. Eso pensé durante toda la noche, mientras dormía por ratos y tenía pesadillas con el hijo de Sonia, que resultó siendo también mi hijo. Parecía en las ensoñaciones un adulto engogido, pero no tenía pinta de enano. Menos mal. Soportaría muchas cosas, pero nunca a un hijo enano, auque sí, todos los niños son enanos, pero no voy a pensar en el lugar común del niño demoniaco; detesto los lugares comunes, tanto como detesto a los enanos. Ahora, decía que nunca había podido escribir un cuento, y eso es, de entrada, un defecto insalvable para esta posible paternidad. No quiero adelantarme demasiado, Sonia tiene un plan de vida distinto cada día, y eso ha sido bueno y malo. Respecto al asunto de la criatura, no sé si la mujer tiene en mente decirle que yo soy el padre. Me pierdo en otra pesadilla y esta vez estoy montado sobre Sonia, entrando y saliendo con fuerza. Se siente bien y puedo escuchar sus gemidos, pero cuando intento verle el rostro éste desaparece, como si el cuello girara eternamente hacia atrás, siempre hacia atrás, y todo lo que veo es su cabello recogido, y su nuca. Su nuca.

***

Mugre en el teclado del Macintosh; despidiendo empleados; el hermano idiota de mi hermana.

Le dije a Gabriela el otro día que había dejado de respetarla cuando vi todos los nicknames que había usado a lo largo de su vida en los programas de mensajería istantánea.

-No me gusta lo de zombie. No me gusta que la gente se autoproclame idiota o decerebrado, no sin ser en realidad conciente de las implicaciones filosóficas que vienen en el gesto-

-No lo decía en ese sentido. Me gustan los zombies, es todo.

-No puedo aceptarlo. No es una justificación válida. Además, lo de zombie es solo el comienzo. Te crees una mujer hermosa; segundo error.

-Soy una zombie-comer cerebros y tomar cerveza-ser atractiva para otros zombies-usted no entender nada.

***

La barra espaciadora tiene una mancha de tinta. Tuve que ser yo, pero no hay rastro de tinta en mi pulgar derecho. Estoy pensando en llamar a un amigo que tiene una espuma especial para limpiar teclados Macintosh. También pienso saludarlo y decirle que no estamos solos en el mundo. Siempre es bueno recordarle eso a los amigos.

***

Mi hermana Raquel nació el día que Maradona metió el gol con la mano. Su padre dijo que era un buen día para nacer, que todo el asunto le parecía un muy buen presagio. EL padre de Raquel nunca jugó al fútbol, pero sabía muchas cosas. Supo ocultar, por ejemplo, que Raquel no era en realidad mi hermana, porque la habían adoptado. Los padres biológicos de Raquel murieron sepultados por la avalancha de Armero. Raquel es un milagro que pesa 80 kilos y mide 156 centímetros.

Ahora tiene un hermano que desea ser escritor, y éste me ha tenido ocupado los últimos años, desde que aparecío un día. Encontró a Raquel cuando leyó un clasificado en un periódico del Tolima. Raquel lo estuvo poniendo durante años, en silencio. Nadie sabía.

-Raquel me dijo que quieres ser escritor.

-Sí. Es verdad.

-¿Por qué quieres ser escritor?

-No lo sé.

-No sé que decirte.

-Dile a Raquel que no tienes nada que decirme.

-Ya lo hice, pero igual acepté…

-Eres malo para mentir, ella me lo ha dicho.

-Cuéntame más cosas.

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